En esta ocasión encuentro una noticia que me ha puesto una sonrisa en la cara, ya que este colegio público de Madrid tiene una profesora que, la vocación para sus alumnos y la causa tira más que cualquier otra fuerza, y es que ha conseguido esta maestra que todos los lunes reúna un grupo de alumnos para crear un coro en el que convierten poemas de Gloria Fuertes en canciones. Este año se conmemora el centenario del nacimiento de esta poetisa y hacen honor a ello. Para mi, la iniciativa de esta profesora, Ana Molina Hita, va más allá que fomentar el arte, la poesía y la música, ya que el trasfondo del hecho va más allá que un simple coro y aprendizaje de poemas. Estos alumnos, además de aprenderse poemas de Gloria Fuertes y adaptarlas a una música, están aprendiendo a convivir, a respetarse mutuamente, a gestionar sus conflictos y crecer en las relaciones con sus iguales, a reconocer sus fuerzas y debilidades, a conocer de manera más personal el docente y los propios compañeros, a compartir el gusto por la música y convertirlo en un pasatiempos en un espacio suyo por libre elección para enriquecerse en algo tan bello como la música y compartir emociones y sentimientos como sólo puede la música y la poesía. Lo maravilloso de esta iniciativa es que cada lunes se realiza durante el recreo.
El recreo es un espacio de tiempo para los alumnos que les permite en gran medida liberarse de tensiones mientras corren jugando el pilla-pilla o el poli-ladro y relacionarse con sus iguales, pero también es un espacio de gran conflicto en el que, en general los alumnos se encuentran con poca vigilancia y son muchos alumnos para tan pocos docentes que se turnan en los recreos. Esta situación provoca que los alumnos no tengan una estructura, una orientación para poder jugar ya que muchos colegios públicos no disponen de un equipamiento mínimo para ofrecerle a los alumnos para jugar como pueden ser por ejemplo unas pelotas. Además, como hay tan poca vigilancia, los conflictos crecen debido a su uso, por lo que realizar una actividad estructurada, organizada y planificada durante el recreo es una iniciativa fantástica para las relaciones de los alumnos, tanto con sus profesores como con sus iguales. ¿No sería fantástico que los docentes pudieran ofrecer y aportar durante el recreo más actividades como esta? Imaginaos el aprendizaje y el enriquecimiento que recibirían los alumnos si supieran que los lunes hay taller de música, o que el martes hay taller de arte, o que el miércoles hay juegos organizados... Seguro que muchos dirán, que hagan lo que quieran los niños (y los docentes) durante el recreo pero mi punto de vista sobre esto es que en este espacio tan corto de tiempo pasan más cosas negativas y desagradables que positivas. Es el momento del día por diferencia en el que los niños posiblemente aprenden más negativamente el uno del otro. Llámalo como quieran y organízalo como deseen pero pienso que lo que ofrece esto en cuanto a las competencias básicas, la convivencia, el respeto y tolerancia mutuo es un tesoro para el día de mañana.
Un saludo
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