Por: Katharina Widmer, María del Sol Recuerdo Ibáñez y Amaya de Andrés.
“¿Que es lo que el adulto le puede enseñar en el campo artístico a un niño?” Se preguntaba Pablo Picasso. “A ser niños en su mayor dimensión.”
La expresión artística tiene un hondo efecto sobre el desarrollo del niño. Es a la vez un medio de expresión y un medio que impulsa y apoya el proceso de crecimiento y maduración infantil. Para que el arte pueda desplegar todo su potencial benéfico es importante que la expresión del niño sea libre y no se tenga que adecuar a expectativas externas y a menudo muy alejadas de sus necesidades internas.
“El niño aspira a devenir un adulto y evoluciona en tal sentido. Pero la infancia constituye una parte importante de la vida humana. No es un estado provisorio. Lo que el niño siente, experimenta y expresa es importante y un valor definitivo.”
Arno Stern, Comprehensión de l´art infantil
Arno Stern, Comprehensión de l´art infantil
Tenemos la convicción de que la profundización en la capacidad expresiva de niños y niñas a través de la expresión artística libre tiene un valor inestimable y consideramos su introducción tanto si se trata de ámbitos educativos, de talleres independientes o de una habitación infantil, de una gran importancia. Pues entendemos que, de la misma forma que otras asignaturas se imparten con el objetivo de hacerlas útiles al individuo en desarrollo, la educación artística debería contener este valor práctico en tanto medio de expresión del mundo interno, apertura a la propia capacidad de crear y herramienta para mejorar el equilibrio personal.
Planteamos una visión diferente para poder conducir actividades artísticas infantiles sin necesidad de recurrir a métodos que llevan a una expresión estereotipada y que empobrece el desarrollo de las potencialidades del niño.
Este planteamiento diferente de cómo acompañar y apoyar el proceso de expresión del niño de forma respetuosa y de acuerdo a su ritmo, potencia la creación de espacios libres de juicios, competitividad, modelos o comparaciones. Esto tiene una gran importancia para el desarrollo del niño. Por una parte, puesto que la capacidad de comunicación verbal es todavía incipiente, la expresión artística facilita la exteriorización de su mundo por medios no verbales. Al hacerse visible su mundo interno, el niño puede verlo, transformarlo y apropiarse de esta manera de sus imágenes y crecer con ellas.
No es lo mismo tenerle miedo a un monstruo en la fantasía que descubrirlo pintando y volverlo tangible y moldeable, viviendo en el proceso de creación la experiencia de sentirse capaz y valiente.
El apoyo y el respeto a su manera de expresarse, ayuda al niño a ganar confianza a la par que crece su capacidad para resolver las cuestiones y problemas que se van planteando en la obra plástica y después en la propia vida. Otro importante aprendizaje que es interiorizado desde la vivencia es el respeto hacia las diferentes formas de expresión de los otros niños participantes en la actividad. Una de las pocas consignas se refiere precisamente a la invitación de observar, pero no criticar, las obras de los demás. De la curiosidad a la colaboración hay un paso muy corto.
El lugar donde se desarrolla nuestro trabajo con los niños es algo más que un espacio físico, con paredes o mesas, papeles, pinturas, arcilla, buena iluminación, etc. donde llevar a cabo la actividad. El Taller es en sí mismo un espacio generador de procesos creativos, de maduración, de cambio y de relación.
Es un espacio en el cual el niño se siente seguro, libre, respetado y acompañado. Seguro, porque desde el primer momento va a contar con unos materiales sencillos de usar que le resultan atrayentes por todas las posibilidades de juego que ofrecen. Va a conocer unas normas básicas, pocas pero fundamentales para el buen funcionamiento del taller y va a experimentar un entorno que no le exige ni le juzga y que apoya su potencial creativo. –Libre en las diferentes elecciones a la hora de crear que tendrá que hacer: pintar verde o amarillo, grande o pequeño, un pez o un pájaro, elegir pintura o arcilla, collage o lápiz de dibujo. Libre para estar triste o alegre, llorar o descargar su malestar en la arcilla. En definitiva, para ser un niño. –Respetado en su forma de expresión, en su momento madurativo, en sus circunstancias actuales tanto por el adulto que acompaña como por los compañeros del taller. –Acompañado en todo este proceso por un adulto que conoce, porque lo ha vivido, la importancia de un espacio protegido, libre de juicios y respetuoso con su forma de expresarse. Un acompañante que pudo crecer, sanar y hacer las paces con su propia infancia a través de la expresión artística. En definitiva un adulto coherente, comprometido con su trabajo y en continua revisión para poder ofrecer la mejor versión de “persona” a los niños.
Este enfoque coloca al adulto que acompaña los procesos artísticos en una posición más sencilla y satisfactoria porque le permite descubrir junto a los niños sus mundos, asistirles en lo que puedan necesitar para expresarse y sorprenderse con ellos del milagro de la creación.
Esta noticia me pareció de gran interés para definir como desarrollar la creatividad en los niños, sin apagar la luz propia que tienen y sus ideas iniciales, si no dejando que sus ideas fluyan. Al principio será un arte abstracto pero que poco a poco irá tomando forma y cogiendo fuerza, consiguiendo transmitir aquello que el niño desea.
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