El canon de belleza
Los artistas y
estudiosos de la estética no alcanzado un término universal de lo que es la
belleza, en cada época se ha buscado el acercamiento a la idea de belleza.
Existe un canon, con significados diferentes a lo largo de la historia, que
intenta descifrar el concepto de belleza.
En la prehistoria la
belleza de la mujer estaba relacionada con la fertilidad, debía poseer unas
caderas anchas y unos grandes pechos para alimentar a sus hijos. Las venus son
la representación de este canon, entendido como representación del factor
social que propiciaría la supervivencia de la especie.
Grecia
aporta una profunda reflexión sobre la belleza. Según nuestro sentido común
consideramos bella una cosa bien proporcionada. Platón afirmaba que la belleza
tiene una dimensión autónoma distinta del soporte físico, no se corresponde con
lo que se ve. Por ejemplo, Sócrates no era muy agraciado, pero tenía una gran
belleza interior. Para él el arte sería una copia de la realidad, debería
sustituirse por la belleza de las formas geométricas, eterna, inmutable;
basadas en la proporción y en los conceptos matemáticos. Pitágoras, pensador
anterior a Platón, ya afirmaba que el mundo se podía explicar a través de los
números. La estrella pentagonal o pentágono estrellado era, según la tradición,
el símbolo de los seguidores de Pitágoras. Los pitagóricos pensaban que
el mundo estaba configurado según un orden numérico, donde sólo tenían cabida
los números fraccionarios. La casualidad hizo que en su propio símbolo se
encontrara un número raro: el número de oro. Por ejemplo, la relación entre la
diagonal del pentágono y su lado es el número de oro.
Edad
Media: Fibonacci advirtió la presencia de un número que se encontraba tanto en
la naturaleza como en las obras de arte, un número que representaba la perfecta
proporción. El número designado con letra griega
= 1,61803... (Fi) es la inicial del nombre del escultor griego
Fidias que lo tuvo presente en sus obras.
Consideremos
la siguiente sucesión de números:
1, 1, 2, 3, 5, 8, 13, 21,
34...
Cada
número a partir del tercero, se obtiene sumando los dos que le preceden. Por
ejemplo, 21 = 13 + 8; el siguiente a 34 será 34 + 21 = 55. .
El número áureo aparece, en las proporciones que guardan edificios, esculturas, objetos, partes de nuestro cuerpo, ...
Un ejemplo de rectángulo áureo en el arte es el
alzado del Partenón griego.
En la figura se puede comprobar que AB/CD=
. Hay más cocientes entre sus medidas que dan el número áureo, por ejemplo: AC/AD=
y CD/CA=
.
Ejemplos de
rectángulos áureos los podemos encontrar en las tarjetas de crédito, en nuestro
carnet de identidad y también en las cajetillas de tabaco. Se construye con dos
lados cuya división entre ellos es el número fi.
En el Renacimiento las proporciones fueron plasmadas por Leonardo da Vinci
en El hombre de Vitrubio, que sirvió
para ilustrar el libro La Divina Proporción, escrito por Luca Pacioli editado
en 1509.
En dicho libro se describen cuáles han de ser las proporciones de las
construcciones artísticas. En particular, Pacioli propone un hombre
perfecto en el que las relaciones entre las distintas partes de su cuerpo sean
proporciones áureas. En una figura el rostro debe ser una décima parte del
cuerpo y la cabeza la octava parte del tórax. Si queremos buscar nuestra
proporción aurea solo tenemos que medir la altura de la persona, desde los pies
hasta la cabeza, y dividirla por la distancia que hay desde los pies hasta el
ombligo.
En la edad
contemporánea Dalí abandona el surrealismo a finales de los años cuarenta y
funda un nuevo movimiento, el misticismo nuclear, se mezclan la ciencia y la
devoción a lo inexplicable. Se obsesionó con el número fi, su primera obra en
la que lo plasma es la siguiente:
Semitaza volante con anexo inexplicable de cinco
metros
. Si dividimos las figuras en rectángulos áureos cada vez más pequeños,
aparece la misma figura; la espiral logarítmica. Esta curva ha cautivado, por
su belleza y propiedades, la atención de matemáticos, artistas y naturalistas.
Si tomamos un rectángulo áureo ABCD y le sustraemos el cuadrado AEFD cuyo
lado es el lado menor AD del rectángulo, resulta que el rectángulo EBCF es
áureo. Si después a éste le quitamos el cuadrado EBGH, el rectángulo resultante
HGCF también es áureo. Este proceso se puede reproducir indefinidamente,
obteniéndose una sucesión de rectángulos áureos encajados que convergen hacia
el vértice O de una espiral logarítmica.
El número Fi también lo podemos calcular en nosotros mismos, solo tenemos que dividir nuestra altura entre la distancia que hay desde el suelo hasta nuestro ombligo. Podemos explicarle a los niños lo que son las proporciones aúreas y que las comprueben en sí mismos.
Tania Velasco Mota
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